
Fue el año 68 que Kubrick estrenaba su obra maestra
"2001, Odisea del Espacio", el cual, debe ser uno de los films esteticamente mas prolijos, minimalistas y acabados que se hayan realizado. Ningun adjetivo usado está demás. Si se unieran todos los diálogos de esta película no alcanzaría la media hora. Y dura dos y media.
Wong Kar Wai, director chino, casi de un soplo, señalaba que "la camara son mis ojos, y la música, mis oídos". Y asi siempre lo entendió Kubrick. De forma egoísta y megalómana sin duda. Pero da igual. La obra cuenta por su parida majestuosidad, y los colores primarios con que adorna la fotografía, no se borran del inconciente del espectador.
A propósito de esta futurista obra, se tejieron numerosas interpretaciones. Para algunos no era mas que una metáfora de proyecciones cinematográficas del rezago norteamericano en relación a los soviéticos. Para otros, la injerencia constante, del "hermano mayor" en nuestra vida. Hall 9000 se transformaba así para estos visionarios, en la representación manifiesta del estado totalitario que fagocita a su creador.
Finalmente, habida cuenta de su banda sonora y los cuatros actos en que se divide, los más, la sindicaron como una "Opera espacial".
De todos estos comentarios, el director tuvo una cena que duro años.
Pero nadie reparó en su título. La Odisea del espacio, era la misma de Ulises muchos siglos antes. El amanecer lunar al son de “Así habló Zarathustra” no un detalle gratuito. Y al señor K todo aquello, le pareció gracioso. "No es una obra de ciencia ficción sino una obra mitológica".
Casi cuarenta años despues, los pitonisos se agolpan por montones a partir de la fiebre de teorías que amamanta la audiencia de
"Lost".

El variopinto submundo de fanáticos y la comodidad abismante que acerca a las tribus a traves de internet, ha entregado las herramientas a muchos de ellos para construir verdaderas novelas particulares, ataviadas de signos y códigos propios, sin siquiera toparse de cerca unas con otras.
Debo reconocer que cuando la serie era una nebulosa en muchas partes tuve un acercamiento a ella gracias a una amiga fanatica de los sitcoms, aunque la serie de J.J. Abrahams, de sitcom no tenga nada. Festinaba en aquel tiempo con solo mostrar a muchos amigos los primeros 10 minutos con que comienza. Ver sus rostros hipnotizados de inmediato como los lectores enloquecidos por los libros de la pelicula
"In the mouth of madness" era un experimento que ya lo querrían algunos sociologos.
En el año 2004 ya los mismos guionistas de la serie adelantaban que la isla no era un purgatorio en donde se debatian las almas de sus personajes. Que no era un experimento de extraterrestres. Menos que fuese un reality-show extremo como "Survivor".
Pero daba gusto, estimular la imagineria colectiva, tirando como migajas al suelo, todas estas teorias como si fuesen un verdadero axioma cada una por separado. Toda una pimienta agregada al bien condimentado coctel de pistas falsas que es "Lost".
Esto resulta particularmente gracioso a partir de un articulo escrito hoy por Gonzalo Garces en
La Nacion Domingo, al percatarse que aunque sepas todo aquello que contamina y espanta de la serie, uno la siga sintonizando igual, angustia mediante. A estas alturas hablar de ella y sus teorias, es como juntarse con los amigos a rebobinar una y otra vez el racconto trillado de los oscuros ochentas. Un bostezo con el manto del placer culpable.

Stephen King, de forma hiperbolica, lo asociaba a la nueva forma en que la sociedad esta leyendo libros. Arrendando DVD's con series, capitulo a capitulo, abriendo sus caratulas como si fuesen grupos de hojas de roneo. Masticado, digerido. Como si Ronald Macdonald fuese el payaso Pennywase de "It" y nos llamase dentro de la television a seguir apuntando mas rapido el control remoto.
Abriendo la boca para comer el avioncito partido en dos que cayó en alguna isla del pacifico y del cual ya no me interesan mas sus teorías.
Namaste.