domingo, noviembre 26, 2006

Midlife Crisis Part II

La enseñanza media era otra cosa.
Un periodo de adaptación severo, con cambio de colegio mediante. Profesores nuevos. Raros, como algunos que había conocido.
Fue en el año 90 cuando "La Sociedad de los Poetas Muertos" creaba toda una generación de teenagers engrupidos con tener profesores choros, bonachones, sabiondos y ser uno mismo un rebelde de uniforme. Y como no, yo tuve un profesor que cuajaba en aquella descripción. O a lo menos, eso creia.
Para peor de los estereotipos, era el de Castellano.
Treintón, de barba ordenada, con entradas prominentes, arqueaba las cejas con facilidad y gustaba de ejercitarse en las artes del tai-chi mientras dictaba. Tenía una obsesión excesiva por "El Quijote". Prueba de ello, fueron los 4 controles globales con que nos evaluó para aprobar su ramo. Es decir, dedicó todo un puto año en enseñarnos la historia del viejito de la Mancha. Hasta el realismo mágico me parecia mas digerible, que leer por partes las metaforas contemporaneas referidas a Sancho Panza.
El tipo era posero. Le gustaba impresionar a las minas del curso, que de paso, eran lo mas apetecible de mi colegio. Se reía siempre ironico, imponiendo su autoridad de cabronazo frente a los alumnos. No obstante, dedicaba pocos, pero efectivos espacios de tiempo para darnos consejos, que muchos de nosotros no captabamos ni aunque hubiesemos madurado al ritmo de la Drew Barrymore .
Era segundo medio. La mayoría se empinaba cerca de los quince. El, sin duda, cerca, durante o sobre, los treinta.
Se estiró en la silla con los dedos entrelazados y cuando la mayoría esperabamos la tipica interrogación respecto a que vimos la ultima clase, se yergue sobre la mesa y nos mira fijamente.

- Saben cabros, ustedes estan entrando en una etapa entretenida. Aunque no lo piensen así, no tienen mayores complicaciones con su vida. - sentenció casi como un psiquiatra en la consulta, callado despues de escuchar una hora seguida a su paciente.- No sé si algunos de ustedes tienen hermanos o hermanas mayores. ¿Si?. Que bueno. Si esos hermanos tienen mas de 25 y van para los treinta, y los notan algo raros, como distantes, extraños... ahh, veo que eso pasa con algunos de sus hermanos...

- Siiii profe, mi hermano mayor está así - acotaba la Claudia, aunque mas sonaba a una camuflada lamebotas que una convencida y preocupada hermanita menor.

- Bueno, si los ven asi de extraños, NO LOS HUEVEEN (sic). Se los digo en serio. Que anden raros no mas. Es una etapa extraña en la vida de los seres humanos, que tienen que vivir algún dia. A veces no dan ganas de hacer nada. Te planteas todo distinto. - acotaba mientras expiraba y miraba por la ventana con un dejo de nostalgia, mientras la mayoría lo mirabamos con ojos de huevo frito entendiendo poco el sentido de las palabras de René (si, asi se llamaba mi profe).

Y ahora resulta que yo tengo treinta. Y recordé esa vez, de forma super nítida. Como un flashback en color opaco.

Ni siquiera haré el intento por desmenuzar la madeja de cosas que se atosigan en la mente cuando miras hacia lo que viene y tambien hacia atrás y desemboca en todo un cumulo de frustaciones, alegrías, cosas que esperas y otras que estan en la cornisa de las expectativas.

Cuando el peso de las decisiones se agolpan. Una huevada. Quizás. Pero el viejo tenía razón.

Solo un año después, Mike Patton le respondía : " It's a midlife crisis.. It's a midlife crisis.."

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jueves, noviembre 09, 2006

Midlife Crisis Part I

De pendejo, siempre tuve profesores raros. No se si será la norma, porque todos los gremios se jactan de tener "el mas.." en cualquier rama. Como una competencia. Los mas borrachos, los mas flojos, los mas desagradables. En el gremio de los profesores y los sicologos (especialmente sicologas) conocí a la gente mas rara.
Mi primer colegio fue presbiteriano. Seguramente fundado por algunos inmigrantes ingleses en Valparaíso. El dia UNO llegamos la mayoría cagados de miedo, como en todos lados. Luego entras en confianza con tus amiguitos. Eso es lo usual.
Pero yo no. Tuve mala cueva. Mi familia no es católica. Y no creen en la navidad. Entonces, les daba lo mismo confesarme que el viejo pascuero era un vil invento para camuflar al papá llevando los regalitos en la noche, mientras los niños duermen. En realidad, me lo dijo la hermana de mi mamá. Pero bueno, eso da igual. Pareciendome asi natural, se lo dije a un compañero. Y el pendejo lloró desconsoladamente. Casi ahogandose. La noticia se esparció entre la clase, y luego, como un contagio masivo, estaba la mitad del curso llorando de una forma tal, como cuando haciamos cola para vacunarnos contra el sarampión. La profesora, de la cual no recuerdo ni siquiera su rostro, me castigó sacandome de la sala. Yo no entendía nada.
Llaman a mi madre. Ella pide disculpas y le explica nuestras creencias. Filo. Queda en nada.
Excepto por un detalle. Mi profesora, la "tia" del curso, me tuvo, desde ese día entre ceja y ceja.
La mayoría cuando somos niños, caemos en la torpeza de dejar caer algunas cosas. En mi caso, yo le di vuelta un yogurt al libro "Ola" (uno en que salía un niño con globitos en la tapa azul) a Basilio, un mellizo con cara de agilao que fue inmediatamente a acusarme, cual kiko. La "tía" ingresa raudamente, me agarra de la oreja, me sienta en su silla y llama a viva voz a todo el curso para que vuelva de recreo. Pasan todos compungidos y a la vez bastante choreados por el recorte en el tiempo libre. Ahí, delante de todos, saca la varilla para apuntar en clases y me pide en forma poco decorosa, que me suba las mangas de mi camisa. Acto seguido, comienza una sucesión de palos que me dejó las manos marcadas por varios días. Creo que dejé ese colegio al terminar el año. Pero los reclamos en esos años daban un poco lo mismo. Eran tiempos en que te hacían cantar el himno nacional completo, todos los Lunes, dirigidos por una profesora que hacia el gesto de dirigir una orquesta, delante de una radio Sanyo, con el cassette estrujandose a mas no poder, y todos separados por una distancia inentendible. Hijos de Pinochet. En un colegio privado.
Ya en Sexto básico, y en otro establecimiento, tuve una profesora bastante rica. Joven, de unos 26 años, media hippie. Hacía Matematicas y Artes Plasticas (?). De este ultimo ramo seguramente no tenía idea, porque ocupaba ese espacio en darnos charlas sobre la vida y lo que pasaba en Chile, aunque siempre en forma algo despectiva, mirandonos como pijes malcriados medios huevones. Recuerdo mas nitidamente una jornada bastante sui generis. Llegó vestida como toda una ejecutiva. Con falda y panties negras y una camisa aseñorada. Aunque sin tacos. Traía la radio del colegio. La misma que usaban para corromper nuestros oídos con un himno nacional cantado por una tropa de milicos acumulados y desafinados. La puso sobre su mesa. Se dió un par de vueltas y nos dijo que lo que escuchariamos a continuación le habia cambiado su perspectiva de la vida. Que las letras eran maravillosas. Que era verdadera poesía.
Empezó a sonar el "So" de Peter Gabriel. Cuando pasó la dos, adelantó Sledgehammer para que no vacilaramos mucho y saltó con Dont Give Up. "Escuchen esta, es increible". La mina salió y se fumo un cigarro. Al volver, todos conversabamos o jugabamos bachillerato. Nadie la pescó. Una lata, el disco era bueno, pero yo no lo sabría hasta por lo menos unos 5 años despues.

Continuará...

martes, noviembre 07, 2006

Un nuevo superheroe entre nosotros.

La señal del cable Showtime hace algun tiempo lleva sorprendiendonos con nuevas series con temas que nos muestran la otra cara de la mentalidad americana, algo bobalicona, puritana de sitcom, a que nos tiene acostumbrado.
En el 2000 todo partió con Queer as folk y la historia de un grupo de gays en la norteamerica actual. El año pasado se retiró en buen pie para darle paso a "Weeds", una serie en donde Mary Louise Parker le vende marihuana a sus ricachones vecinos con el objeto de seguir manteniendo tanto su estilo de vida, como el de sus dos hijos adolescentes en Agrestic (apropiado nombre para un suburbio en California) , mientras suena de fondo Melvina Reynolds y su "Little Boxes", la canción original de aquella que adaptó Victor Jara en "Las casitas del barrio alto".
Pero este año sorprende con algo mas jugado. Algo con lo cual ni el sofisticado Patrick Bateman hubiese tenido tiempo de contarnos.
Es "Dexter", un policia forense de Miami especialista en rastros de sangre, que por el día ejerce su profesión en forma casi obsesiva, y por las noches satisface sus instintos asesinos, buscando limpiar aquello que la justicia ordinaria no puede o no desea acabar. Una cruza entre Travis Brickle y el mencionado Bateman. Una cándida respuesta del inconciente americano reaccionario en busqueda del garrotazo oportuno. Un Batman carente de afectos y pródigo en no dejar huellas. Una mente asexuada que satisface sus vacíos, cortando en pedazos a sus victimas.
Mientras Bateman disfrutaba sus asesinatos con "Sussudio" de fondo, Dexter Morgan lo hace con los propios cuerpos de las victimas que su presa dejó como evidencias.
Protagonizaba por Michael C. Hall, el mismo David Fisher de "Six Feet Under" (si, el diacono gay enamorado del policia afro-americano).
Total y absolutamente recomendado.

Sin asco.

domingo, noviembre 05, 2006

El Laberinto del Fauno


De obsesiones vive el hombre muchas veces. De ideas fijas que dan vueltas una y otra vez por un lapso que puede variar en cada cual. En el caso de Guillermo del Toro, sus fijaciones estan claramente establecidas por la fantasía, el misterio y ultimamente, por uno de los períodos mas nefastos de la historia española: la guerra civil. Lo lógico sería que del Toro narrara estos párrafos del pasado ibérico de primera mano, como un español castizo más. Pero no, el hombre, desde su México natal, se nutrió desde pequeño, de las influencias de toda esa ola de inmigrantes, en su mayoría republicanos, que huyendo de la persecución y el hambre, encontraron en la tierra de los mariachis su segundo hogar. Si no que lo diga Buñuel, que filmó grandes peliculas en su exilio.
Hace algunos años, decidido a filmar obras con mayor libertad, la cual no le daba Hollywood, del Toro viaja a tierras castellanas y sorprende a muchos con "El Espinazo del Diablo", ambientada en un orfanato en pleno conflicto del 39. Un sui generis trasfondo para contarnos una historia de fantasmas y traumas del pasado, con una gran actuación de Marisa Paredes y Federico Luppi, y una quizás, no tanto, de Eduardo Noriega, su protagonista. Cinco años pasaron para que volviera a trabajar en tierras españolas, luego de un periplo irregular por USA. Sin embargo, este lustro no fue en vano.
Este 2006 nos regala quizas su mejor film hasta la fecha: "El Laberinto del Fauno", donde confluyen muchas virtudes y pocos defectos. Una magnifica fotografía, un vestuario de epoca acertado, y por sobre todo, un guión inteligente. Esa fijación señalada por la guerra civil, vuelve a manifestarse, ahora ya adentrados en el conflicto, donde los militares de Franco, controlan practicamente todo el país. Sin duda, lo mejor de esta pelicula, es el papel del antagonista, en manos del soberbio Sergi Lopez, actor catalán, que logra merecidamente que el espectador sienta el mismo asqueo y temor, que produce en los personajes que lo rodean. Podría pensarse, que la historia es un simple cuento de hadas apoyada en otra, que grafica las miserias y atrocidades que produjo la represión posterior a la guerra. Pero no. Dos mundos se entrecruzan, donde el delirio por escapar de la locura que envuelve al mundo de Ofelia (Ivana Baquero) una niña que, contra su voluntad, debe acompañar a su madre en la nueva vida que les ofrece el despreciable Capitan Vidal (el mencionado Lopez), es mas potente que hacer caso omiso a lo que se le ordena. Es su afición a los cuentos de hadas, lo que la transporta y le da esperanzas en una vida mejor, para ella, su madre, y el hermano que está por venir.
Es ahí, en el destacamento que dirige Vidal, para aplastar los visos de resistencia que aun quedan, en donde la pequeña se comunica con seres de fantasía, tales como Faunos, hadas, y monstruos.
Esto mientras la criada Mercedes (una correcta Maribel Verdú) y el medico del lugar, viven sus propios calvarios amén de encontrarse durmiendo con el enemigo.
Sin entrar en mas detalles, la pelicula transcurre con muy pequeños baches, asociados a trazos de la fantasía de la protagonista, que estaban demás, pero que salvan el excelente manejo narrativo del director, una estetica brillante y grandes toneles de sangre que no la hacen aconsejable para un menor de edad.
Un fuerte candidato al Oscar, ya que va por el lado mexicano, aunque la producción es enteramente española. Así, Almodóvar no iría tan solo, en una disputa que parece ganada de antemano por el manchego, director fetiche del mundillo hollywoodense.