domingo, marzo 15, 2009

"CAMINO"


En España, país de origen de este film, causo gran conmoción en ciertos círculos de la Iglesia, la proyección de los trailers de ella. Se le tildó de agredir derechamente a la institución católica como tal. De torcer la verdad absoluta y vender otra sin tapujos. Y ojo, insisto que solo con su sinopsis en cines.

Puede sonar maniquea solo la frase introductoria “Inspirada en hechos reales”. Pero luego sabemos que la opinión la formamos solo una vez que nos hemos introducido en sus vertientes.


Dirigida por Javier Fesser, autor de esa gran película llamada “El Milagro de P. Tinto”, que acá solo se distribuyó en algunas salas de cine arte, “Camino” cuenta la historia de una preciosa niña llamada como el titulo del film, criada en un hogar manejado por una madre absolutamente ligada al Opus Dei, y un padre débil pero amoroso para con sus dos hijas, pero que sin duda en su interior no comulga con el fanatismo de ese grupo.

Su hermana mayor es Nuria (Manuela Vellés, de gran parecido físico a la protagonista) quien tras una decepción amorosa, se entrega a la labor que Monseñor Escrivá de Balaguer tiene para las mujeres numerarias: planchar, lavar y servir la comida.


El mundo de Camino, que recién comienza a vivir el despertar amoroso, se ve abruptamente roto por un cáncer que poco a poco comienza a resquebrajar de una u otra forma tanto su propia vida como la de los que le rodean. Para lo que muchos podría ser una tragedia, para su madre y la gente de “la obra”, es solo una bendición de Dios.



“Camino”, más que un ataque a la Iglesia, es todo lo contrario. Es cristiana en expresar el valor de lo humano, en creer en la empatía y en no desfallecer en pos de la esperanza. Cuando los hechos se desnudan de maneras tan evidentes, ellas golpean y sacuden a quienes se sienten aludidos. Escupe esas verdades que molestan, que perturban, y es muy difícil no lograr entrar en el mundo que construye Camino en su cabeza, para evadir todo ese tormento al que se ve expuesta por médicos y sacerdotes, estos últimos para los cuales todo el sufrimiento no es mas que un paso a la santificación.


En ese universo paralelo que la pequeña crea en sus sueños cada vez que la anestesia hace su trabajo, conviven duendes, cenicientas y personajes que solo en la mente de un niño cobran vida. Un toque metafórico en ningún caso gratuito, sino que más bien presentan en imágenes lo que sus ojos no pueden ver, alejados del exterior por los oscuros vitrales del quirófano.


Es sin duda una película extraordinaria, con un trabajo actoral de singular factura, con una narración a modo de flashbacks, intensa en su convencimiento. Dura, no perfecta si se quiere, pero que nutre al espectador de aquello que escasea en el cine actual: transmitir emociones y hacerte partícipe de ellas.

Como consejo al lector, estén muy atentos a todo el juego de palabras hacia el final del film. Ninguna palabra expresada por la protagonista es al azar. Créanme, ninguna.


Me he permitido no señalar más de una vez el nombre de la secta que da vida al núcleo dramático de esta historia, y ello quizás fue algo involuntario. O quizás no.

Porque aunque los caminos de Dios sean muy misteriosos, y dolorosos, creo que si, Jesús nos ama.

Aunque, NUNCA de la forma en que lo impone el Opus Dei, ya que si hablamos de obras, yo me quedo con la de Fasser.